Sin miedo a perder

Actualizado: 12 mar


Hace 2 años, fue la última vez que vi a mi amigo. Estaba manejando un Prius, se acababa de mudar a casa de su madre porque el negocio que había puesto no estaba jalando, y como muchos en estas circunstancias, había tenido que vender objetos de valor para seguir adelante.


Por alguna razón u otra, nos habíamos distanciado y nos dejamos de ver. La relación se había descompuesto un poco por algunas diferencias, y la pandemia, definitivamente, no ayudó a reconectarnos. Al final, la vida continua, y no tenemos otra opción más que seguir adelante.


Pero supongo que, la vida nos tiene preparados ciertos momentos, para ayudar a alguien a darse cuenta de algo, o ese alguien, nos ayudará a darnos cuenta de algo sobre nosotros mismos, y este momento, fue uno de ellos.


Después de 2 años, decidí mandarle un mensaje para ver cómo estaba. Era y es como mi hermano, y algunas diferencias y malentendidos, no deberían ser razón para dejar de ver a nadie a quien quieres y estimas en verdad. Quedamos de ir a cenar unos tacos al día siguiente. No hay nada como un buen pastor para solidificar cualquier relación y enmendar cualquier error.


Al día siguiente por la noche, marcaron de la caseta para anunciar que ya había llegado. Me puse unos pants, una sudadera y unos tenis del gym que todavía aguantan (uniforme oficial para ir por tacos). Al bajar al lobby, me puse a buscar el Prius. No estaba por ningún lado. Saque el celular con el objeto de mandarle un mensaje y mentarle la madre hasta que, la BMW X6 M, una camioneta de 2 millones de pesos, abrió la ventana y dejó que se escuchara una voz: “orale hermanito, ya hace hambre”.


Por un momento, me congelé. ¿Cómo demonios esta persona que, hace 2 años había tenido que vender todo para seguir adelante, había llegado en esta camioneta? Pensé que era una broma o que, en cualquier momento, llegaría la policía a arrestarlo (mentalidad pobre de mi parte). Pero no, esta camioneta era suya, y la había comprado a través de trabajo y esfuerzo.


En los tacos, me platicó cómo la pandemia le había cambiado la vida. Al perder el último local de su negocio anterior, no tuvo otra opción que buscar por otros lados. Le dijo que sí a todo. Pequeños trabajos con conocidos, comprando y vendiendo cualquier artículo que tocara sus manos y haciendo todo lo posible para seguir adelante.


Después de algunos meses, logró ahorrar una cantidad importante de dinero, y con ello, llegó la gran oportunidad de su vida. Porque la pandemia ha sido devastante para millones de personas, incluyéndome a mí, pero para algunos pocos que, para ser honestos, se supieron mover, la pandemia fue una oportunidad. La oportunidad se dio al haber millones de personas vendiendo sus pertenencias para tener liquidez, y pocas personas, con la posibilidad de hacerse de estás.


Dos años, la franquicia maestra de una pizzería con 5 locales, y 2 restaurantes después, tenía a mi “hermanito” echándose un buen taco al pastor y dándome valiosas lecciones de vida. De todo lo que platicamos, se me quedaron 3 ideas: sin miedo a perderlo todo, siempre hay oportunidades, solo debes saber dónde buscarlas y, es tu responsabilidad y de nadie más.



Sin miedo a perderlo todo

Hay pocos momentos en la vida que, por su autenticidad, vulnerabilidad y amor entre amigos, dejan una huella, y éste, fue uno de ellos para mi. Las cosas han sido difíciles. Proyectos que no han arrancado como se esperaba, relaciones que terminaron sin saber por qué y noticias en el mundo cada vez más negativas te nublan por momentos y dejas de ver las posibilidades frente a ti; dejas de ver la abundancia que existe en este mundo. Quizá, por eso fue tan importante para mí.


Después de haber cenado, llegamos a la casa. Nos debíamos una plática desde hace tiempo por lo que nos quedamos conversando en el coche, y después de unos minutos, me dijo lo siguiente: “¿sabes por qué me está yendo bien? Porque no tengo miedo a perderlo todo. Si los negocios comienzan a fallar, sé que puedo empezar desde cero porque lo he hecho una y otra vez. No me da miedo tener que vender y perder la camioneta, no me da miedo tener que regresar a casa con mi mama y vender el departamento. Simplemente, no me da miedo el perder.” Y me di cuenta que, todas las oportunidades que he dejado ir, son por el miedo a perder.


Miedo a perder esta imagen de nosotros mismos que creamos con tal de agradarle a los demás dejando de intentar cosas.


Miedo a perder un estilo de vida aunque esto signifique malgastar tu dinero.


Miedo a perder amigos y amigas por no ser lo que esperaban de ti.


Y cuando tu miedo a perder, es mayor que tu ambición de superarte y ganar, te terminas perdiendo a ti mismo, y con ello, todas las oportunidades que se presentan frente a ti todos los días.


En psicología, la aversión a la pérdida influye más sobre nuestras decisiones que la motivación por ganar. Nos causa mayor conflicto interno la posibilidad de perder algo que poseemos en este momento que, ganar ese mismo artículo, de cualquier forma.


¿Por qué tenemos tanto miedo a perder?


La evolución de los seres humanos fue determinante para el desarrollo de la aversión a perder. Perder prestigio dentro de la tribu podía significar el destierro de la misma. Perder comida o cualquier bien podía significar la diferencia entre la vida y la muerte. La selección natural favoreció a aquellas personas que no perdían aquello que les favorecía dentro de la tribu, y además, nos podía y nos puede ser útil.


Puede ser útil porque no perder significa la capacidad de mantenernos dentro de una zona de confort; significa que, mientras no hagamos nada fuera de la norma, todo estará bien. Desafortunadamente, la vida ya no funciona de la misma manera. No podemos quedarnos esperando a que, por arte de magia, las cosas vayan a salir a nuestro favor. Como también, es importante entender que, nuestra vida, ya no corre peligro como lo podría haber sido para nuestros antepasados.


¿Cómo superar este miedo a perder?


Este es de los consejos que, cuando se lo dices a alguien más, tienen mucho sentido, pero cuando se trata de aplicarlo en tu propia vida, las cosas no parecen ser tan sencillas. Para superar este miedo tu ambición por ganar debería ser mayor. Es decir, el futuro posible si tomas acción te debe emocionar y motivar mucho más que el miedo que te impide tomar acción.


¿Sabes por qué mi amigo cambió su vida? Porque el futuro que visualiza para él mismo es mucho mayor que el miedo que tiene de perderlo todo, y volver a empezar.


Esta plática significó mucho para mi porque me di cuenta que, las oportunidades están, simplemente debemos estar abiertos a ellas. Y quizá para obtenerlas debamos perder algo en el camino, pero si en verdad queremos ganar, no podemos tener miedo a perder.



Siempre hay oportunidades, solo debes saber dónde buscarlas

¿Sabes cuál fue la única diferencia entre mi amigo y millones de personas (incluyendome a mi)? Que no acepto un “no” como respuesta. Rechazó en todo momento que el mundo le dijera – hay una pandemia y una crisis mundial. Simplemente, tomó una decisión, y por más que las circunstancias, el mercado y la gente insistiera que no era el momento, no permitió que influyera sobre la decisión tomada.


El decidió que las oportunidades estaban a su alcance, y por ningún motivo, iba a permitir que se le fueran de las manos. De esta manera, fue que consiguió el dinero para comprar la franquicia maestra. De esta manera, fue que consiguió poner dos restaurantes más adelante.


Con todo lo que está ocurriendo, no podemos darnos el lujo de escuchar malas noticias. No podemos permitirnos dejarnos influenciar por gente o información negativa. En ese momento, comenzamos a ceder el poder que tenemos de cambiar el rumbo y tener un impacto positivo porque dejamos de ver las oportunidades que existen frente a nuestros ojos. Dejamos de ver un mundo de abundancia para solo notar “lo que nos hace falta”.


Existe un sistema en el cerebro que se llama “Sistema de Activación Reticular”. Este sistema funciona como un filtro de toda la información que recibimos del exterior. Constantemente, estamos siendo bombardeados por cantidades de información que nos harían perder la cabeza de no tener este sistema decidiendo por nosotros qué estímulos notamos y cuales desechamos.


Hay 4 cosas que puede notar este sistema:

  • Tu nombre – ¿Alguna vez has estado en algún lugar con muchísima gente, pero en cuanto alguien grita tu nombre lo notas? Sin importar dónde estés o cuánto ruido haya, siempre vas a notar cuando alguien menciona tu nombre.

  • Amenazas (ruido fuerte) – Cualquier amenaza hacia nuestra persona es percibida por este sistema y nos alerta para poder tomar acción.

  • Deseo sexual de tu pareja – Somos capaces, en especial las mujeres, de notar cuando nuestra pareja tiene deseo sexual hacia nosotros o hacia alguien más.

  • Algo importante para nosotros – Si has comprado un coche alguna vez, lo vas a entender. Desde el momento en que lo manejas por primera vez, comienzas a ver el mismo modelo por todos lados. Esto no significa que aparecieron mágicamente, sino que, al volverse importante para ti, lo comenzaste a notar.

De esta misma manera, tenemos la responsabilidad de entrenar nuestra mente para comenzar a notar todas las oportunidades que tenemos a nuestro alrededor, y existe una gran manera de hacerlo.


El ejercicio consiste en hacer listas de ideas, negocios y soluciones a problemas a los que te enfrentas día a día. Simplemente, imagina que tienes todos los recursos necesarios para poder hacerlo y trata de crear planes de acción para poder llevarlo a cabo. Y recuerda que, no existen ideas malas, solo existen personas que no las comprenden (😉). De hacer el ejercicio, comenzarás a notar en un par de semanas las posibilidades y oportunidades que existen a tu alrededor.


Las oportunidades están, simplemente, debemos saber dónde buscarlas. Y solo tú, puedes hacerlo.



Es tu responsabilidad y de nadie más

Mi papá llevaba más de 30 años vendiendo ropa. Y cuando llegó la pandemia, todo ese negocio se acabó. Después de 2 años, sigue esperando a que la pandemia acabe, y con ello, la posibilidad de que el negocio vuelva a surgir. 2 años esperando…


Mi tío lleva 4 años bajo el “hechizo” de ciertos individuos que le han prometido el sol, la luna y las estrellas. Estos “inversionistas” llevan 4 años diciendo que, la siguiente semana, el dinero va a llegar. Y no necesitas ser adivino para saber que, ese dinero, nunca va a estar aquí, y siempre faltará, una semana más.


Nadie va a venir a salvarte. Nadie te va a ofrecer esa gran oportunidad que estás buscando. Nadie te va a dar ese aumento que tanto añoras. Nadie va a notar lo “talentosa o talentoso” que eres. Al final, es tu responsabilidad hacer algo al respecto y de nadie más. Y sí, tus circunstancias podrán ser distintas que las de alguien más. Podrá ser más difícil para ti hacer algo al respecto. Pero quedarse meditando sobre ello, no va a cambiar nada.


Es muy fácil culpar a las circunstancias. Es muy fácil voltear a ver el mundo y sentir que no es tu responsabilidad. Es muy fácil echarse en un rincón y dejar que las cosas mejoren por sí solas. Y te lo puedo decir por experiencia propia, eso no va a ocurrir.


Las cosas no ocurren porque así lo deseamos. Las cosas ocurren solo cuando nos hacemos responsables de nuestro propio destino y hacemos algo al respecto. No necesitas dar un giro de 180 grados de un día para otro. No necesitas ir al gimnasio 7 días a la semana cuando nunca antes habías ido, pero si necesitas comenzar.


Y aquí está la clave de todo: saber cómo dar ese primer paso.


No necesitas comenzar a ponerte en forma yendo al gimnasio a diario, pero puedes hacerlo caminando 5 minutos después de cada comida.


No necesitas comenzar a meditar yendo a un retiro espiritual de 5 días, pero puedes hacerlo tomando 5 respiraciones largas.


No necesitas comenzar poniendo un negocio y renunciando a tu trabajo, pero puedes hacerlo tratando de vender algo para comenzar a probar tu idea.


Adelante es adelante por más pequeño que sea el paso que das. No se trata de ser perfecto, pero sí de ser constante. Así que, elige cualquier área de tu vida que busques cambiar, y decide, cuál sería el primer paso para dar. No importa que tan pequeño sea. Lo importante es darte cuenta que tienes el poder de hacerlo y es tu responsabilidad contigo mismo el tomar acción.


Después de unos buenos tacos y esa plática amena, subí al departamento y me quedé pensando, cómo mi amigo no es perfecto. Es decir, emocional y físicamente se ha descuidado un poco al perseguir sus metas económicas, pero noté, como no lo hacía en mucho tiempo, que está haciendo su mayor esfuerzo para cambiar su vida. Y al final, es lo único que podemos pedir de nosotros mismos, nuestro mayor esfuerzo. Sin olvidar que, las oportunidades existen, es nuestra responsabilidad buscarlas, y si en verdad queremos tener éxito en esta búsqueda, no podemos tener miedo a perder.


 

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